Zeige deine Wunde (Muestra tu herida)

Como apuntaba Maese Lordo en su post sobre la Merkel y Haneke, lo que está pasando con la relación entre Alemania y España en los prolegómenos del rescate es una ceremonia de expiación. Descartada de antemano la lógica económica de una política de recortes que no hace más que agravar la recesión y aumentar la deuda, en puridad esa política de castigo y represión no es otra cosa que un sacrificio ritual y sigue la espiral dramatúrgica humillación-indignación-sacrificio-horror-compasión-rehabilitación más vieja que la orilla del río ese que pasa por detrás de mi casa.
En estos momentos nos encontramos cerca del punto en que el horror por el sacrificio realizado por el colectivo humillado debe llevar a provocar la compasión del público, que en este drama también es juez y ejecutor de sus propias sentencias. El colectivo humillado es evidentemente la población española, culpable, según el relato hegemónico alemán, de haber querido subir a alturas reservadas a pueblos en gracia del Dios agustiniano-protestante y enferma por esa misma culpa. Para curar la enfermedad no basta con hacer un sacrificio, sino que la herida resultante tiene que ser visible. Así lo explicaba Joseph Beuys hablando del sentido de su famosa instalación Zeige deine Wunde (Muestra tu herida) en 1980:

Muestra tu herida, porque hay que revelar la enfermedad que se quiere curar. (…) Una herida que se muestra puede ser curada.

Pues en esas estamos. La reacción absolutamente desproporcionada de la policía ante la manifestación del 25-S, la más que probable provocación de violencia por parte de infiltrados policiales, la intensa cobertura mediática que se está haciendo en Alemania de las protestas y de los efectos que están teniendo los recortes en la población forman parte de esa dramaturgia que tiene como objetivo no sólo conmover a una opinión pública alemana absolutamente refractaria a apoyar a su gobierno en el rescate de la banca española, sino buscar un efecto “curativo” en la opinión pública española a través de la exhibición ante el mundo del propio dolor. Mostrar la herida autoinfligida cierra el ciclo abierto por la culpa y es el principio del proceso de curación.

Hasta ahí el mito. Lo que lo diferencia de la realidad es que por mucho que se empecinen los medios alemanes, esta ceremonia no está siendo una autolesión oficiada por una entidad llamada España sobre sí misma, sino por una clase dirigente que va a salir de esta crisis sin un rasguño sobre una población que ni tiene ninguna culpa de la hybris de sus poderosos ni entiende por qué debe poner ella las heridas en esta ceremonia. Pero la realidad siempre es más difícil de comunicar que el mito, y para cuando consiga imponerse mucho me temo que ya no tendrá remedio.

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